Top #5. Canciones para el amor (o para enamorarse)

“Lo mires como lo mires, Violeta,

todo el tema Bruselas es una historia de éxito.”

Pequeña reflexión desde Nueva York, que llegó a mí hace algunos días.

 

Bruselas es una historia de éxito por muchas cosas. Tengo una buhardilla genial, en un barrio pijo -pero genial-, con una compañera de piso genial y además tengo un trabajo en el que -oh là là y sacre bleu- por primera vez parece que me valoran. Pero aparte de todas estas cositas que -indudablemente- hacen mi vida más fácil, Bruselas es una historia de éxito porque, una vez más, me he propuesto escribir. Bien, mal, tenga cuatro millones de lectores o solo uno. He concluido que lo importante es no perder el hábito, también llamado costumbre o rutina, o simplemente ociosidad mal llevada.

Con lo que he de cumplir con la segunda parte de una entrada que aún no había finalizado. He de cumplir con el Top #5 Canciones para el amor (o para enamorarse).

Pero antes de imbuirme en una suerte de cursiladas, cuánto te quieros, qué mal se vive sin ti y qué sería de este planeta sin tu presencia en él, he de decir que no es una perfecta antítesis del Top #5 Canciones para el desamor (o para desenamorarse). Como entonces, son estas canciones para un proceso. Para ese maravilloso momento en el que alguien nos empieza a gustar; para esos días en los que nos sentimos con fuerzas por volverle, o volverla, o volverles, o volverlas a ver. Para cuando disfrutamos del hecho de que nos remuevan las entrañas. Como entonces, son canciones que empujan, que exacerban, y que también exageran un sentimiento, al tiempo que nos ceden cierto aura de condescendencia, cual espejo en el que poder mirarnos y decirnos que los hay más ridículos y no tan elocuentes. No son poesía barroca. Pero tampoco tan intensas, ni sentidas, y mucho menos tan conmovedoras.

De nuevo, una captatio benevolentia: esta entrada, pasiva o activamente, debería haberse escrito hace poco más de un año. Poco más de un año, cuando yo regresaba a España más enamorada que nunca. Y no ahora, cuando me quedo en Bruselas, cuando decido quedarme en Bruselas, después de volver a escapar, y más desenamorada que nunca. De ahí la imperfección en el pretendido equilibrio entre ambas entradas.

Pretensión desmedida, fracaso asegurado.

Afortunadamente, y si algo bueno tiene Bruselas, es que está llena de gente joven y guapa. Pequeño y sencillo silogismo, ello conlleva, también, que haya muchos hombres guapos en esta ciudad.

De esos de los que no te enamoras, aun siendo potenciales sujetos de un potencial enamoramiento, pero que te conmueven lo mínimo, lo suficiente para que no tengas excusa alguna con la que retrotraerte en tu lado oscuro y tan en suma independiente en el que estás convencida de que eso del amor es un invento malsano que no va contigo. Lo suficiente para sentir que te sigue corriendo algo de sangre, más espesa, pero sangre y no horchata, por las venas.

Así que este Top #5 va por todos los que me habéis removido en alguna ocasión las entrañas. Que ya sois unos cuantos. Que ya sois muchos.

 

Top #1. SECOND. Conocerte

 

 

“Me apetece oír cada minúsculo detalle.”

 

Second eran, son, de Murcia. Todo parecía ser de Murcia por aquel entonces.

Para alguien que presume de tener un (muy) buen gusto musical, para alguien que presume de que tal cosa es digna de ser presumida, poner a Second como Top #1 de cualquier Top #5 es ligera, no, totalmente vergonzoso.

Pero he de ser fiel al espíritu de todo esto, que no es más que una cualidad no por estar en boca de todos más consabida y común: la transparencia.

Transparente soy cuando admito que esta cursilada me trastoca cuando empieza a gustarme alguien.

No mintáis, que sé que todos hemos estado ahí. Todos hemos tenido conversaciones banales sobre hechos banales basados en experiencias tan colosalmente banales y a la vez tan jodidamente divertidas que nos mantenían más allá de la madrugada y más allá del amanecer hablando de si con cuatro años jugabas a la peonza o tú eras más bien de canicas.

En alguna ocasión he dicho que a mí se me enamora con una buena conversación. Es mentira. Mentira a niveles José María Aznar elevados a la enésima potencia. Yo disfrazo de buenas conversaciones charlatanería, historias insulsas y bromas sin pizca de gracia. Y eso es lo que las hace tan buenas. Que una vez más, me conmueven tanto que soy yo la que se apasiona por ellas.

Y “Conocerte” va de esto. Del momento clave en que se nos enciende la bombillita. Del momento en que no sabemos qué va a pasar, pero ay, ya no eres solo un polvo. [Terrible momento, por cierto. No hay mayor sentimiento de indefensión que este.]

“Conocerte” va del momento en que yo estoy deseando oírte decir que con once años te caíste de la bici y desde entonces tienes una cicatriz en la frente. Cuéntamelo, venga. Que lo jodido es que me va a parecer que me estés hablando de filosofía medieval francesa.

 

Top #2. TACHENKO. Escapatoria

 

“Por mucho que te digan por ahí, me gustas más que el resto.”

 

Quizá no lo compartais pero, para las que se autoconvencen proyectos de escritora, como yo, un solo muso no vale, no funciona, no rinde. Hay que buscarse aledaños, por el bien de la inspiración y de una misma. Que la letra con sangre entra y la pena se cura antes si es compartida.

Aún así, y pese a lo que digan las matemáticas, de todo conjunto siempre sobresale un individuo.

Back-up: Me Gustas, de La Casa Azul.

 

Top #3. MANDO DIAO. Sheepdog

 

“Don’t know why I can’t locate this feeling that I would rather be with you.”

 

Back-up: La Niña Imantada, de Love of Lesbian.

 

Top #4. THE MOLDY PEACHES. Anyone Else But You

 

“I don’t know what anyone can see in anyone else, but you.”

 

(Y aunque yo más bien preferiría un full-time lover, part-time friend.)

¡Pregunta del millón! A bombo y platillo y sin pretender ser -por una vez- original… ¿Qué es estar enamorado?

Espero haberme ganado con esta insensatez doscientas apariciones en resultados de motores de búsqueda, diarias.

Es broma. Pero sé que es una pregunta tonta, por insulsa e imposible de responder. Cada cual tiene su propia medida de lo que es estar enamorado, pues cada cual quiere a su manera. Y no somos nadie para juzgar algo tan personal -y sí, también intransferible- como el querer.

Y al ser algo puramente individual, supongo que el problema está en dónde establecer la comparación. ¿Qué es tú estando enamorado?

En mi caso, si la establezco en el primer chico que me gustó, y mucho, hace ya diez años (esa tierna y pizpireta edad de quince) me he enamorado tantas veces que podría ser la nueva Danielle Steel y háganse los dólares sobre mi cabeza.

Si la establezco en el buen mozo que me grabó a fuego -y literalmente- “that I may love you”, vendrán las lágrimas y el llanto y el sollozo perpetuo y el remanente sentimiento de que oh, con veinticinco años, y no me voy a enamorar nunca más.

Vaya pamplinas me cruzan por la cabeza.

He querido, que es lo importante. De un modo u otro, correspondido o no. Y sigo haciéndolo.

Pero no seré yo quien escriba una cosa tan evidente, ni quien desarrolle una idea que de por sí ya clama por obvia.

Lo que han tenido siempre en común todos estos enamoramientos permanece. Y, de verdad, es lo único que han tenido en común. El hecho de que mi ensimismamiento era de tal calibre que yo estaba convencida de que el colega de turno tenía que ser objeto de deseo de todas las féminas. Quién iba a explicarme, si no, que un tipo tan atrayente no fuera enamorando por ahí a cualquiera que con él hablara.

Ese es mi yo estando enamorada. La fría e insensible de Violeta, un personaje de Danielle Steel.

 

Top #5 (y una aportación muy personal).

EXTREMODURO. Puta

 

“Y en mi cabeza paso el día buscándote.”

Es la mejor canción de amor de todos los tiempos. Es la prueba definitiva de que no hay marcha atrás. Y si os explicara por qué, desnudaría tanto mi alma que no dejaría apenas nada por contar.

Así que esta me la guardo para mí.

 

Estas cinco canciones son mi particular ‘checklist’. Si en mi cabeza aparece la misma persona escuchando estas cinco canciones, estoy jodida.

No es el mejor de mis Top #5, por la sencilla razón de que (y más que ningún otro) es profunda y profusamente personal. Pero helo aquí, porque lo prometido -dícese, en ocasiones- es deuda.

Enamoraos de alguien. Por sus tetas, por su intelectualidad, o por su sonrisa. Pero enamoraos de alguien, sanamente, solo porque está bien tener a alguien en mente. O enamoraos del amor mismo o, como dijera Calamaro, de la propia belleza. Pero qué os darán, hombres. Qué tendréis.

Sí, afortunadamente hay muchos hombres guapos en esta ciudad.

Pero ninguno en concreto se me aparece. De nuevo, no hay nadie tras la ventana.

Me pregunto si precisamente por eso Bruselas está siendo una historia de éxito, lo mire por donde lo mire. Me pregunto también por qué no dejo de hacerme preguntas que no tienen respuesta, al menos no una que me guste, que me satisfaga, que me enorgullezca.

Bruselas tuvo una razón de ser que ya no es tal. Y cuatro meses después, es bueno reconocerle un nuevo sentido.

Habitantes de Bruselas, seguid removiéndome las entrañas, que os compensaré con algún pensamiento vespertino, alguna línea de blog camuflada que nunca descifraréis, alguna noche entre sábanas. Y nada más. Aún no dais la talla para ganaros este Top #5.

 

 

 

 

 

Top #5. Canciones para el desamor (o para desenamorarse)

 

Cada vez son más las voces que me incitan a dejar mi trabajo, hacer de nuevo una maleta, empacar mi vida -cada vez más mínima- y retirarme a una cabaña en Suiza (otras voces prefieren Bali) para dedicarme por completo a la literatura. Esas voces, para qué negar o divertir la realidad, suelen provenir de personas que, extrañamente, me quieren mucho. De otro modo su conclusión no sería la de que escribo bien, ni muy bien; de otro modo me dirían la verdad, que tengo un ego demasiado grande, y que para mantenerlo necesito que los demás lo rieguen.

Con lo que os pido que dudemos de su objetividad, amemos su subjetividad manifiesta. Y que honremos juntos sus buenas intenciones y deseos para conmigo, excusando que, de nuevo, tengo bastantes pocas ganas de hacer literatura. Lo que me apetece, voto a bríos, es divagar.

Mis musos, cual patos, bien han volado y quién sabe cuándo volverán, bien han decidido dejar de hacer efecto. Mi inspiración, tan necesitada de elementos exógenos que frecuentemente toman la forma corpórea de hombres canallas de barba y grata conversación, decide por ende esfumarse momentáneamente y abandonar este blog a suerte de tonterías. De esas para no dormir.

Con lo que, para honrar a quienes tanta confianza depositan en mí, esperando que su descendencia pueda ver mi nombre en sus estanterías, he comenzado un proyecto que llevaba ya tiempo ideando. Sin trascendentalismos ni vueltas de tuerca, sin subterfugios disfrazados entre líneas. Que si hay algo que me guste más que la literatura, es llenar mi mundo de canciones.

Este es mi Top #5 Canciones para el desamor (o para desenamorarse).

Como otros Top #5, su finalidad es la de ayudar(n)os a identificar un momento del que, lamentablemente, ninguno vamos a escapar. Ese en el que lo que un día sentíamos desaparece. Su finalidad es ayudarnos a evitar la soledad en que nos imbuimos en etapas así. Desenamorarse es una mierda, directamente proporcional a lo maravilloso que es enamorarse (cuando se es correspondido). Pero mi impresión, después de 25 años de andanzas terrenales (suficientes para soltar parafrasadas en un blog) es que, al igual que pasa cuando nos enamoramos, tendemos a empequeñecer el sentimiento, a soslayarlo, a dejarlo de lado, a negar su existencia.

Error. Craso. Garrafal. Error de puro campeonato.

El amor y el desamor son estados que tienen fácil la entrada y difícil la salida. Y pese a las consecuencias que de cada uno derivan, ambos son una buena muestra de que estamos vivos. Y ambos merecen ser tratados con el mismo respeto. Nos construyen, nos definen, nos moldean. Porque somos aquello que amamos, sin duda, pero también aquello que dejamos de amar (y, sobre todo, por qué dejamos de amarlo).

Como en todo Top #5, no se trata de elegir las mejores canciones. No es una competición. Se trata, simplemente, de compartir con vosotros las canciones que han compartido conmigo mis etapas de amor y desamor. Las que han activado mis alarmas. Las que han sido mis compañeras de viaje.

Y, que espero, os sirvan.

 

Top #1. LOVE OF LESBIAN. Universos Infinitos

“Yo ya no puedo hacer más si este más siempre resta.”
(Lee el resto de la letra.)

 

Es la número uno porque ha sido mi número uno. Porque expresa el trabajo constante por evitar lo inevitable. Porque, aunque te estés dando cuenta de que la situación te va a estallar en la cara, sigues dando más.

Más de ti, hasta que ese más empieza a restar. Hasta que la ecuación se invierte, hasta que solo se deriva aquello que deberías integrar. Pero eso ya lo sabías. Lo jodido es que eso siempre lo has sabido.

Y, cuando tu vida es la apuesta (como bien dice Santi), está bien recurrir a una letra que te haga reaccionar. Luego -y además- está el vídeo de Lyona, perfecto acompañante para una perfecta canción.

Back-up: 1999. Más lapidaria, más desgarradora. Menos «universal», quizá. Y más propia de otros desenamoramientos, que suceden más por hartazgo y desgana que por puro desatino.

 

Top #2. NIÑOS MUTANTES. No Puedo Más Contigo

“Cada vez que te oigo hablar, sé que no durará.
Porque siempre haces algo por empeorar. Empeorar.”
(Lee el resto de la letra.)

 

Los vasos se llenan. Las personas se cansan. Los límites existen, y se alcanzan, aunque en su día tú creyeras que siempre tenderían a infinito. Sin que realmente podamos hacer nada.  Y, aunque quisiéramos, sin culpas.

Dejas de poder, y no pasa nada.

 

Top #3. THE NEW RAEMON. Tú, Garfunkel

“Lo miras bien y te das cuenta de que todo se nos fue a la mierda.”
(Lee el resto de la letra.)

 

Hay desamores muy sonados. Pero ninguno como el de Paul y Art.

Esta canción no (solo) habla de un desamor, sino más bien de una ruptura. De la típica, tipiquísima ruptura. De la ruptura de manual donde hay dos partes descompensadas cuando, sin que lo sepan, las dos tienen exactamente lo que querían.

Pero también ilustra el principio del fin y, como las demás, puede asociarse al momento en el que “te das cuenta de que todo se nos fue a la mierda”.

The New Raemon ha sido uno de los descubrimientos de este año, para mí, que suelo llegar tarde casi siempre a todas partes. Salvo a esta canción, a la que llegué en el momento justo. En el más adecuado.

Back-up (con grandes dosis de drama): Morir o Matar, de Nacho Vegas.

 

Top #4. LOS PIRATAS. Mi Matadero Clandestino

“Qué puedo hacer si ya no te quiero, si ya no quiero verte más.”
(Lee el resto de la letra.)

 

El día D llega. Nunca mejor dicho.

Esta canción habla de que los sentimientos, como las relaciones, se terminan. Que no es un drama, ni nosotros malas personas por dejar de sentir. Eso, simplemente, pasa.
Y que es una pena tener que hacerlo, pero de cuando en cuando y de vez en vez hay que crearse un matadero clandestino, un espacio personal e instransferible -a la par que inaccesible- en el que deshacernos de esas cosas que no sirven para nada y que no podemos tirar. Como el sentimiento de culpa. Que ya tenemos bastante con las goteras del corazón.

Iván, ya viejuno, nos dijo así que, en los mundos de dos, las cosas van bien cuando se va a la misma velocidad. Y que nada puedes hacer cuando, sin más, dejas de hacerlo.

 

Top #5 (y una incursión extranjera). THE CORAL. Dreaming Of You

(Aquí la letra.)

 

Lo reconozco. He incluido esta canción porque, a la postre, quería incluir una reflexión nada reflexionada. Me apetece, simplemente, decirlo.

Decir que es relativamente difícil, a no ser que seamos almas descorazonadas (que también las hay) pasar del amor al no-amor -concepto diferente a desamor- como quien cambia de ropa interior por las mañanas. Parafraseando a House, no hay una fina línea entre el amor y el no-amor; está la Gran Muralla China con centinelas armados cada cinco metros entre el amor y el no-amor (o el odio, pero valga el ejemplo). Desenamorarse de alguien no implica dejar de quererle, más bien suele implicar, de hecho, seguir queriendo, seguir sintiendo algo, bien esté disfrazado de cariño o de apego, de afecto o de que, vaya, nos gustaba su compañía. Somos seres de costumbres, y poco podemos hacer contra ello. Sería una más, otra lucha de gigantes.

Para mí, eso es lo que encierra algo tan demoledor como “I still need you but, I don’t want you now”. Y lleva al inevitable y casi tautológico “It’s gonna hurt, but I’ll have to say goodbye”.

Duele. Lo dejes o te dejen. Duele de cojones. Como rescaté de un sublime diálogo hace semanas, sientes que te arrancan el corazón, lo tiran en un horno precalentado a 250 grados, y lo hornean con un glaseado de miel para después servirlo en un cuenco con arroz. Duele lo suficiente como para que sigas confundiendo el cariño que os queda con el amor que ya no existe.

Muy gráfico. Muy vívido. Muy cierto.

Pero también se pasa.

Y, a veces, es sencillo.

Es tan sencillo como reconocer que necesitamos otra cosa. Algo más. Que no es lo que tenemos.

Si os estáis desenamorando, estas canciones os ayudarán a sacar a relucir un sentimiento amargo, sí, pero necesario, tan necesario como el de enamorarse. Del que también hablaremos.

Que enamorarse molará más, pero recordad siempre que, como una vez me dijo un buen amigo, la mayoría de las veces el término de cualquier relación, desenamorarse, es también un triunfo del amor.

Del amor propio.

[Próximamente: Top #5 Canciones para el amor (o para enamorarse). Sean pacientes.]

Top #5: Canciones para una ruptura

 

Hoy voy a compartir algo muy personal (y alguien, llevándose las manos a la cabeza, entonará: “¿aún más personal que todo lo anterior?”). Sí, a riesgo de acabar componiendo un blog completamente egocéntrico, voy a sacar a relucir uno de mis innumerables Top 5, esos que no paro de hacer desde que vi (y leí) High Fidelity.

Ciertamente, tengo top 5 para todos los gustos: películas de Kubrick, canciones para ser feliz, sonatas de Beethoven, libros de García Márquez… Pero este verano anduve superando (el gerundio no es baladí) mi primera ruptura sentimental y comencé a elaborar un nuevo Top 5: Canciones para superar una ruptura (amistosa).

Y hoy lo quería compartir, con la esperanza de que a alguien pueda servirle algún día, con la esperanza de que alguien pueda darse cuenta de que no es esto lo que quiere, con la esperanza de empujar a alguien a seguir luchando y, por qué no, con la esperanza de dar a conocer letras alucinantes de grupos increíbles que, calidad musical aparte, hacen mi vida más fácil.

¡Empecemos! En el puesto #1, llegado directamente a mi corazoncito una tarde de verano de lamentaciones encontradas:

Luis Ramiro – EL RELOJ

 

Esta canción y, en general, la obra de Luis Ramiro, me han salvado en más de una ocasión. Imprescindible para los momentos en los que tu autoestima se va de paseo con la de Larra, y no sientes nada más que abandono. Es entonces cuando realmente aprecias el placer de escucharla muy, muy alto, y gritar con todas tus fuerzas: «Estaré bien… aunque olvidarte me cueste la vida».

 

En el número #2, y subiendo…

 

Los Planetas – SANTOS QUE YO TE PINTÉ

Digo “subiendo” porque nunca la habría considerado de no ser porque, durante su concierto en el ContempoPránea, la tocaron, y la gritamos entre todos, y me sentí, al fin, comprendida. Tiene momentos muy grandes pero, sin duda alguna, el “momentazo”, donde todos nos desgañitamos y donde se nos pusieron los huevos de corbata, fue éste:

Puedes buscar por tierra,

puedes buscar por aire,

que como yo te he querido

no va a quererte nadie…

No va a quererte nadie.

Y hay quien está completamente de acuerdo conmigo. Al fin y al cabo, el término de cualquier relación siempre allana el camino de esos «demonios que tienen que volver».

#3:

La Habitación Roja – EL EJE DEL MAL

Quizá sea la más dura de todas, perfecta sustituta de otras aún más duras cuando no quieres sobrepasar tu dosis necesaria de rencor. Porque, aunque sea cierto que «no vas a volver a sentirte único, algo especial, algo importante…» tampoco sabemos cuándo vamos a volver a sentirnos así nosotros.

(Como agradecimiento, admitiré que tenía olvidadísimos a los buenos chicos de La Habitación Roja, hasta que este verano una intensa discusión musical me empujó a volver a escucharles. Abella, gracias.)

#4:

La Casa Azul – COMO UN FAN

¡¡¡¿¿¿QUÉ QUIERES QUE TE DIGA???!!!
¿Que mi vida va genial? ¿Que todo transcurre tal y como lo pensé, tal cual, sin más?

Esta canción hace referencia al adjetivo de ruptura “amistosa”, ésa en la que su propia definición implica no poner tierra de por medio y procurar continuar con el fundamento de cualquier relación de pareja, la amistad. Algo que, sobre el papel, queda muy bonito pero que puede llegar a hacerse muy cuesta arriba. Es entonces cuando te dan ganas de gritar treinta veces un “¿qué quieres que te diga?” y acudes a la eterna revelación indie de Guille Milkyway, por puro desahogo.

Elementos personales aparte, para mí “Como un fan” guarda también esa fantástica ironía de comparar el amor a una persona con el amor a un grupo, o a una canción. En cualquier caso, en ambos casos, perdemos la cabeza, y eso es exactamente lo mejor de todo: que nos gusta tanto un grupo, una canción, o una persona… que nos duele. Y ese sentimiento, aunque pueda cambiar con el paso del tiempo -puedes darte cuenta de que los últimos discos de Oasis son una patatuela asada, pero tú siempre les tendrás en lo más alto- siempre quedará como remanente de lo que fue, lo que es, y lo que pudo haber sido. Y la belleza de este hecho es directamente proporcional a la putada que supone el puro anhelo de lo que no existe.

Porque «nunca, nunca más me voy a recuperar…»

#5:

Love of Lesbian – 2009: VOY A ROMPER LAS VENTANAS

Es una elección dentro de un disco fundamental para superar una ruptura: 1999. Para los que no lo hayan escuchado (craso error, amigos míos) es la historia de una relación, que tuvo lugar en 1999 -cuándo, si no-; en este sentido, cuenta prácticamente todos los aspectos de una relación: sacrificios iniciales que al final se convierten en nuevas pasiones (Club de fans de John Boy), la pesadez de tener que escuchar historias pasadas (El Ectoplasta), los indicios de que -por más que uno lo desee- algunas personas no están hechas para estar juntas (1999).

Para mí, es lo mejor que se ha publicado en este país en muchos, muchos años. La sinceridad que Balmes demuestra en sus letras, y la magnífica orquestación de todas las pistas llena un disco que se defiende como tal, como obra maestra por sí sola -que es lo a lo que un disco siempre ha de aspirar-. Pero tenía que elegir una única canción o, de otro modo, habría desvirtuado todo mi Top 5. Finalmente, he elegido 2009 porque incluye la que, para mí, es la clave de cualquier ruptura:

Después de estudiar con cuidado este caso
ejerciendo a la vez de fiscal y abogado,
de juez imparcial,
sentencio lo nuestro
diciendo que el fallo más grande
pasó por guardar
solamente los días más gratos
y olvidar los demás.

Ése es el quid. Recordar que no todo fueron safaris por el parque, conciertos, conversaciones memorables y miradas. Recordar que hubo muchas cosas buenas, y muchas otras malas, que finalmente acabaron pesando sobre las primeras. Los que hayan visto (500) Days of Summer recordarán la escena en la que los amigos de Tom le dicen esto, que tiene que recordar también las cosas malas, y la historia cobra un nuevo sentido; cuando ya no es el buen gusto musical de Summer, sino su intolerancia impositiva, cuando ya no son sus miradas de reprobación, sino sus continuas faltas de respeto. Recordar que, quizá, Summer nunca fue la mujer de tu vida ni tú el hombre de la suya porque, de haberlo sido, seguiríais juntos.

Como habéis visto, todas son tristes, pero todas, al mismo tiempo, tienen un ligero punto de maldad, de ironía, tan necesaria a veces para volver a mirarse en el espejo y volver a creer que, aun abandonados, merecemos la pena.

[Canciones para superar una ruptura (no amistosa), también aplicables a cualquier tipo de desengaño amoroso -de esos que, durante cierta etapa de nuestras vidas, parecen sucederse sin ánimo de espera- debería incluir Pesadilla En El Parque de Atracciones, de Los Planetas y, seguramente -como colofón final a cualquier ataque de odio desmesurado- Bravo, magnífica canción nacida de la unión musical de Bunbury y Vegas.]

No espero que alguna vez les sirva. Espero que, aunque haya 15.102 km de distancia de por medio, algunos sepan darse cuenta de que, cuando no hay nada malo que recordar, merece la pena seguir luchando.

(Miss Top 5 seguirá informando desde Ammán.)