My Own Private Tesseract

 
 
 
“-I see that you have watched Interstellar.
-I have indeed watched Interstellar. Twice.
I watched it last night.
-If you’re going to say anything bad about it please restrain yourself. For our friendship.
-No. Do not worry. I watch these movies for their special effects but I was expecting the father-daughter relationship to have an impact on you.
-It did. Have. An impact. But how could you figure?
-Again, the father-daughter relationship… I noticed that this triggers something in you.
-When? Whend did you notice? I mean… I won’t lie, it does. But we have never talked about this before.
From the movies that tend to strike you. Movies tend to tell a lot about people.
-Well, yes. You have a point. So I do my best trying to appear complicated and it turns out I am not.”
 

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Complicada no sé si seré, habida cuenta de la capacidad de algunos para desentrañar la más original de mis afectaciones sólo a través de las películas que me gustan. Lo que sí no soy, desde luego, es una experta en física cuántica.

Y, sin embargo, cuánto me obsesiona la idea, tan matrixiana como poco terrenal ella, de la elección. Alguna vez habrán escuchado hablar de la plausible existencia de universos paralelos. Cómo cualquier punto de nuestras propias historias (esas que son nuestras vidas pese a lo costoso que es vivirlas) puede desdibujarse hasta plantearse en más de una realidad, simultánea, en otro tiempo y espacio que no es el nuestro. La clave, o el punto de inflexión, la sliding door que se abre, lo hace siempre en el momento de la decisión. Existe así pues la posibilidad, por ínfima que fuere, de que pudiéramos estar viviendo dos vidas al mismo tiempo, pese a ser sólo conscientes de una.

Interstellar habla del espacio, del tiempo, y del amor. Del amor como único vector verdaderamente capaz de deformar el espacio-tiempo. Que les explique algo más sin que hayan visto la película carece de todo sentido. Pero plantéense lo siguiente (la película lo hace): el amor es realmente la única emoción que subyace al espacio y al tiempo y sobrevive más allá de ellos. Amamos a personas que hemos perdido y que ya no están en nuestras vidas y las echamos de menos con una fuerza descomunal. Amamos a quien ha muerto y ya no existe. Amamos sin razón aparente. Y sin razón real, también.

Así como quisiéramos amar a los padres y amigos que nos han abandonado.

Hay una moda en Bruselas. Consiste en abandonarla, y abandonarnos, para irse a Ginebra. Otros se van a Londres. Él se fue a Ginebra. De mí se llevó mucho cine y una historia que pudo haber sido, poco más. Y aún así me escribió esta mañana, desde su puestazo en Ginebra, para confesarme que él conocía la verdadera razón por la que a mí me había tocado tanto Interstellar. Yo, que nunca le había hablado, jamás, del mayor de mis abandonos.

La teoría dice que podría estar viviendo muchas vidas en este instante.

La práctica, que sólo puedo reconocer estar viviendo esta.

So shut the door, have a seat.

And stay.

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