Querido K.

Me escribes. Me pides que reflexione (que reflexione, yo) sobre la muerte de alguien que ha enturbiado, y tanto, nuestro día. Me acerco a la RAE, más amiga ya que muchas otras; me dice que reflexionar es “considerar nueva o detenidamente algo”. Pero lo que me pides considerar no es nuevo. Es bien antiguo, un algo tan antiguo que me acompaña siempre, casi siempre, más a menudo que sólo de vez en cuando, más conscientemente de lo que me gustaría. Para muchos deviene absurda la idea de que la muerte de alguien a quien no has conocido (personalmente, si bien este adverbio se muestra también ambiguo, pues qué es conocer a alguien personalmente) pueda afectarte, afectarnos. Por qué él sí, por qué otros no. Todo lo que una muerte conlleva en estos tiempos de anomalía social. ¿Es suficiente tributo el desearte que descanses en paz, viniendo de nosotros, constructos de las más puras formas de ateísmo? Así que he pensado por ti, no he querido decepcionarme. No quiero criticar a los que (hoy, otros días) han subido, colgado, posteado en Facebook, Twitter, vídeos -como muy bien dices, rebuscados, rebuscadísimos- de él. No creo que seamos superiores por sabernos amantes de lo que hizo, de lo que hacía, pues es mejor la imperfección en el tiempo. Él hacía (de nuevo la RAE: producir algo, darle el primer ser) y de qué modo lo hacía. No es tampoco superior nuestra tristeza. Empero, es genuina. Muy genuina. Las lágrimas que hayamos podido derramar o esa congoja constante que sintamos en el pecho está, es, y existe. Tú, yo, no somos de medirnos las pollas con nadie. Pero qué duda cabe: mientras escribo esto, de nuevo asoman asustadas esas lágrimas: me habría gustado volver a verle. Cuando un virtuoso se va, no es suficiente el virtuosismo que deja. Nunca debiera serlo. Así que pienso también en otras muertes, otras que (sabes, sabemos) me han llegado muy hondo. ¿Adivinas quién es el primero, más cercano que visita mi mente, no? Sí. El día lo recordaré siempre. 20 de junio, era jueves, y me desperté con un mensaje de Paula: ha muerto James Gandolfini. Salté de la cama (yo, perezosa como soy y me sabes), pasé un día triste, triste, condenadamente triste. Ayer vi el documental (tributo documental, bien sabes también que ahora los documentales ya no son sólo documentales sino documentales “algo”: falsos, verdaderos, tributo, o muy malos) que sus compañeros le rindieron. 30 minutos, pero sólo los primeros me anegaron de rabia. ¿Qué tendrá que ver Gandolfini con de Lucía? Nada, me dirás. El uno fue un muy buen actor, muy muy buen actor, pero el otro puede ser (y, espero, será) considerado el mayor virtuoso del siglo XX en su instrumento (desgraciadamente, siempre se hará mención a su género, el flamenco, subyugándolo a ligas inferiores). Pero creo que era un tipo humilde, y que esto jamás le habría importado. En lo que se hace, está lo que uno es. En el fondo, qué coño, debía saberse el puto amo.

Gandolfini, Seymour Hoffman (que me encontró en Roma, maldito), de Lucía. Sí, son nombres que nada tienen que ver entre sí (quizá los dos primeros, pero con muchas salvaguardas). Pero son nombres que han entristecido mis días y me han llevado a un luto que yo creo sincero. Que se entienda o no, poco podemos hacer. Aún recuerdo las palabras de Berta en la oficina el día que murió James: ni que se hubiera muerto tu padre o alguien de tu familia. Jamás pensé que el refranero español estaría tan acertado al enarbolar tamañana pomposidad como “a palabras necias, oídos sordos”. Lo que quiero decirte, K., es que si la muerte de estas personas (otras) nos consterna es porque con su arte, con su hacer, con su presencia en vida nos han conmovido, han llegado a nosotros y eso es muy importante. Conforma la idea de que somos susceptibles a lo que otros nos transmiten. No todos los que conoces son capaces de esto, no somos mejores por ello. Pero tampoco hemos de desacreditarnos por guardar algo sincero: la admiración es esto.

Te escribo también porque, un día, no contesté a tu comentario.

Y está muy mal no contestar a quien aprecias.

 

 

 

¿Algo que añadir? Apuesto a que sí. Deja un comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s