Querida Violeta

 

Me pregunto a veces qué quieres. Así, abstrayéndome y abstrayéndote. Qué quieres. Se lo preguntan también tus amigos, un poco hartos ya de ver que tu patrón son capullos y canallas, granujas de medio pelo. Los chicos para los que eres la chica que sí y que qué guay para un rato pero luego mejor te apartas que agobias con tanta inteligencia. Te pregunto qué quieres. Me contestas que quieres que te quieran. Te pregunto por qué y me contestas, muy clarividentemente, que te agobia demasiado tu propia existencia. Que prefieres una y mil veces caer y caer de nuevo, inventarte problemas para no tener que pensar entretanto en tu vida y en que se va a terminar, en tu familia y tu falta de identidad, en tu trabajo, tu futuro y todo lo que no sabes ser. Me cuentas que los más de los días maldices el momento en que soñaste con ser politóloga y entraste en una vorágine de consumición de información que sólo añade leña y más leña a esa hoguera permanente que vive en tu cabeza. Me explicas que los canallas se te pegan porque los vas pidiendo a gritos. Sé cruel conmigo, que ya seré yo una gilipollas por ti.

Y te entiendo. Es difícil vivir en este mundo en el que, si te encuentras, tienes que afrontar titulares que ya dejaste de poder soportar.

Pero te bato y te rebato, entonces. No me convences y aduciré que te vendría bien plantearte qué quieres y no parar hasta conseguirlo. Te digo que los chicos buenos han pasado por tu vida. Que te han querido y han luchado por ti. Han cruzado desiertos por ti y has tenido tu historia de cuento. El lugar estable que querías: Madrid, un buen trabajo, un buen apartamento, con alguien. Qué ha pasado entonces, cuando te han puesto en bandeja de plata todo lo que creías querer.

Me contestas que te has aburrido. Que te han aburrido.

Me pregunto de nuevo qué quieres.

Y me lo dices.

Quieres a alguien que no te aburra. Quieres que te dejen ser todo lo independiente que eres mientras te bailan el agua. Quieres sorpresas diarias. Ir de acá para allá y de aquí para allí y compartir todo lo que descubres con alguien que quiera escucharlo. Y, a ratos, descubrirlo contigo.

Quieres esto.

 

 

Alguien que quiera bailar siempre que la ocasión se lo permita, para no aburrirte nunca.

 

 

 

 

 

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