Honestidad à la Chimay

 

Hay en Bruselas, o en Flandes, o en Bélgica, o en alguna de esas múltiples y mal avenidas divisiones y rincones territoriales en los que se divide este cruento país un plato típico, pero típico de nadie sabe nunca muy bien dónde, que en francés se hace llamar Carbonnade à la flamande. En castellano, bien sabida una lengua menos pomposa en lo que al engullir se refiere, vendría a suponer un estofado de ternera.

 

La vista del plato en cuestión, o el estofado de toda la vida.
La vista del plato en cuestión, o el estofado de toda la vida.

 

Hay en Bruselas un restaurante, que en castellano bien podríamos denominar sitio de comidas pues la buena hostelería no se cuenta entre las virtudes belgas, quizá muy turístico pero a la par muy agradable, que se ha convertido en uno de esos pocos sitios en los que a mí, impaciente donde las haya, no me importa hacer cola. Fin de Siècle, para gabacho-parlantes. Y Fin de Siglo, para los amigos de este blog. Allí se degustan (y se disgustan) platos típicos belgas, o flamencos, o valones, o de algún lugar de Centroeuropa al que aún nadie sabe dar nombre. Y allí la carbonnade se hace con cerveza Chimay. Carbonnade à la Chimay. Sí, mi gran alma gemela Chimay.

 

Ellas, mi oscuro objeto de deseo.
Ellas, mi oscuro objeto de deseo.

 

Allí y al abrigo de su algarabía he compartido muchos ratos. Allí filosofé cual tarantiniana empedernida sobre el deber o no de las propinas y allí pude ver que hay amistades que mueren sin luto. Allí pasé una cena de ensueño con una sliding door que pareció entreabrirse por momentos y que terminé volviendo a cerrar hace menos de un mes. Y allí un ‘coach’ me abroncó sobre lo deshonesto de mi blog. Allí, entre cervezas, me pidió que me dejara de párrafos inconclusos y de imposibles subordinadas; que estaba cansado de creer empezar a entender algo y de terminar no comprendiendo nada. Que no tuviera miedo a convertirlo en un blog personal. Que escribiera, que me ejercitara. Pero que, ante todo y para todos, fuera sincera.

«Total, como bien dices tú, tu blog no lo lee nadie.»

Seré sincera y diré que no hay mejor plato en la denominada gastronomía belga que me guste más que la Carbonnade à la flamande y que, de todas y entre todas las que he probado, ninguna mejor que la del Fin de Siècle. Seré sincera y diré que, pese a ello y con ello, ninguna ha vuelto a superar la primera Carbonnade que probé allí, con Blanca y Mauro, cuando andaba yo cumpliendo un mes de andadura en Bruselas. Seré sincera y diré que vuelvo, una y otra vez, y pido siempre el mismo plato, esperando que vuelva a gustarme con la misma intensidad, esperando encontrar de nuevo esa misma sensación en forma de regusto en mi boca.

Seré sincera y diré que es lo mismo que hago con Bruselas. Esperar y esperar a que todo sea como al principio. Pero las nuevas carbonnades, y las nuevas experiencias, de algún u otro modo siempre decepcionan.

Seré sincera y diré que en pareja todo es más fácil. Que si todo va bien, o como debería ir, y las cosas fueren como debieran ser, tienes sexo bueno, y en confianza, y siempre que quieras. Que será, siendo sincera, todos los días. Seré sincera y diré que la soltería está muy bien, que de la promiscuidad se aprende mucho, pero que tener que ir buscando primeros polvos de mierda y segundos inexistentes, o primeros increíbles con repeticiones espectaculares pero apenas contadas con los dedos de una mano, quizá haciendo acopio entre medias de una ETS y lloviéndonos a lo largo alguna que otra hostia (literal a veces) es un coñazo al que aún no ha hecho justicia ninguna película de Isabel Coixet. Seré sincera y diré que Isabel Coixet merece comerse todo el papel de película que ha producido por hacer películas tan coñazo. Que la búsqueda del sexo primero y del sexo con amor después empieza siendo emocionante y luego pesada, promueve dejaciones que jamás habríamos imaginado y que digamos que no a quienes nunca creíamos poder rechazar, o no procurar un sí, o un venga, o un tal vez a cambio de una sonrisa.

Seré sincera y diré que por las noches, cuando tomo el sueño abrazada a mi almohada, sola en mi buhardilla y en mi universo de rarezas: la música de mi iTunes o de mi Spotify, que cambia de Mozart a Paco de Lucía, de Love of Lesbian a Black Crowes, los capítulos que se suceden con alevosía pasmosa, las películas que veo y reveo, las escenas que repito hasta la saciedad, las novelas, los poemas subrayados, las ganas de leer a Quevedo en voz alta sin que nadie más me escuche. En ese universo, en ese momento de soledad en el que no tengo a nadie y nadie me tiene a mí, siento que sería suficiente con esos pequeños ratos que se me conceden y que, afortunadamente, para el resto ya han inventado máquinas y otros instrumentos que, aunque menos, me hacen igualmente disfrutar.

Seré sincera y diré que mis parejas me han alienado o yo me he alienado con ellas, y que incluso ahora cuando juego a las parejas salgo huyendo porque no me encuentro. Y luego quiero volver. Y luego salgo huyendo de nuevo. Porque quiero que seas tú pero también que seas otra persona. Y al final ni existes tú ni existe esa otra persona. Y al final todo se repite, y me vienes con las mismas idioteces, y nadie habla claro y nadie dice nada. E intento explicaros que la vida es Matrix, una repetición constante de los mismos errores de siempre, en nuevas versiones quizá, y con algún chico guapo como Keanu de por medio. Pero sin más. Y en vez de eso sólo me hago daño, del que duele aún más de tan innecesario.

Seré sincera y diré que hoy, 16 de junio, hace un año que aterricé aquí, en Bruselas, Región de Bruselas Capital, Bélgica. Y el martes cumplo un año en un trabajo que me ha hecho mayor. Un trabajo en el que he conocido lo que es estar bien, y cómoda, y lo que es reírme a cholón con compañeros que no sólo han resultado ser inteligentes, capaces y válidos, sino también buenas personas. Uno de ellos es César, otro César que, como los demás, ha demostrado estar a la altura de ese nombre y de merecerse lo que efectivamente es del César. Una de ellas es Elena, que se acaba de casar y llega con tamaña sonrisa a la oficina que poco puedes hacer para no compartirla. Lo que nunca podré compartir, otrora, es todo el estilo que derrocha. Y otro, el mejor jefe que la vida podía brindarme con 25 años, Valentín. Ese hombre al que pagaría por que fuera mi amigo. Ese hombre que por siempre sólo será centro de una admiración que él nunca creerá y que yo nunca confesaré. Afortunadamente y para que esto así sea, no lee este blog.

Seré sincera y diré que en mi facebook no es público mi cumpleaños porque odio que me feliciten sin más y por costumbre social o, peor aún, por aburrimiento nacido de la costumbre social de que ahora pertenezcamos todos a ese universo virtual. Pero luego duele que los amigos, los buenos, no lo recuerden, no me llamen, no me otorguen cinco minutos al día en su pensamiento. (And you know I’m talking about you.)

Seré sincera y confesaré que seguiría escribiendo hasta hacer de esta entrada un testamento vital para un blog que nunca lograré convertir en algo reseñable y aún menos reseñado. Pero mis críticos me apremian a que deje de perderme en mis puntos y aparte e insisten en que abandone mi amor por la indómita subordinación que aún me permite la lengua que me enseñaron mis padres.

Seré sincera y confesaré que, un año después, no encuentro mi sitio en Bruselas. Pero no creo poder tener en otra ciudad un trabajo como el que tengo ahora. No reason to stay is a good reason to go but, one reason to stay?

Seré sincera y confesaré que volveré una y aún muchas veces más al Fin de Siècle, con o sin cita de ensueño, con y sin amigos, en absoluta soledad, en soledad con Kindle, y quizá con pareja. Quién sabe. Y seguiré pidiendo Carbonnade à la Chimay, y una Chimay para acompañar, esperando encontrar de nuevo aquella sensación. And maybe, if I get to find it once again, that would make two reasons to stay.

2 comentarios en “Honestidad à la Chimay

  1. Buen post Vio. Entre otros, sexo y comida… dos buenas aficiones. Aunque dices que no te encuentras en Bruselas, veo por tus diferentes entradas que estas contenta. Los italianos me dicen lo mismo. Me alegro mucho por ti, te lo mereces. Besos y suerte!!!

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