Primavera, verano, otoño, invierno… E invierno

 

La vida tiene extrañas maneras de recordarte sensaciones.

La vida tiene extrañas maneras de recordarte que a tu amor propio algo le falta, y de dejarlo unos puntos por debajo del de Kafka.

La vida tiene extrañas maneras de recordarte que no debemos contar nada a nadie. Pues cuando lo hagamos, será cuando perdamos todo.

La vida tiene extrañas maneras de recordarte que escribes inspirada por la tristeza. Que tu faceta creativa es tu faceta dramática. El orgullo de la infelicidad, lo llamas.

La vida tiene extrañas maneras de recordarte que los amigos son los que son, que no hay que buscarlos donde no los hay.

La vida tiene extrañas maneras de recordarte que has de tener cuidado con lo que deseas, porque igual lo consigues. Y que, pese a y con ello, no has de malacostumbrarte y olvidar que, a lo Rolling, you can’t always get what you want.

La vida tiene extrañas maneras de recordarte sensaciones. El enfado que produce la decepción más absoluta, la traición más clara. El golpe de efecto de descubrirte vulnerable cuando creías tenerlo todo bajo control. La sensación de desnudez que acompaña al momento en que tus ojos dicen lo que tu cara procura de forma ímproba no decir.

La vida tiene extrañas maneras de recordarte que el tiempo, el atmosférico y el jodido, pasa(n) factura.

Hoy es 24 de marzo y escribo estas líneas en una Moleskine en la que 24 horas atrás vertía palabras de afecto. Va a terminar mi sexto mes de invierno. Va a terminar conmigo.

Las primaveras no curan los inviernos ni adormecen los errores. Que ahí seguirán, sin perderse aunque tú estés perdida.

La vida, o las preguntas que se formulan en un taxi no Cadillac pero sí muy solitario, tiene extrañas maneras de recordarte que te quitarían muchas falanges y aún así no te costaría contar cuántos amigos tienes en la ciudad del eterno invierno. También de recordarte que uno se va. Y que vaya si algo se muere en el alma, cuando un amigo se va.

La vida tiene extrañas maneras de eliminarlos del camino cuando les debes la razón, un abrazo y más de unas gracias.

La vida tiene extrañas maneras de enseñarte que ya vale de ser tan arrogante, porque no sabe a quién pretendes engañar.

Así que me despierta.

Me sienta a escribir.

Y en un sempiterno esfuerzo por esperar que todo, que algo, que nada haya cambiado, abres la ventana.

Y ahí está él, el invierno.

El daño del autoengaño, lo llamas. El (mismo) error de siempre, lo llaman.

 

Y yo, que siempre voy detrás del error.

Y yo, que siempre voy detrás del error.

Banda sonora de esta entrada: Loquillo – Cadillac Solitario.

Un pensamiento en “Primavera, verano, otoño, invierno… E invierno

  1. Sin saber cómo suena tu voz, todavía, me gusta lo que dices.
    Lo siento.
    Primero no decirte mi nombre. Segundo, no despedirme de ti.
    Esto último fue una suerte para ti y para mí. Para ti porque tu sentido del olfato lo agradece. Para mí porque la cara de zombie que tenía hubiera desintegrado la probabilidad de dejar el vaso medio lleno para llenarlo con Jack Daniels.

    Me gusta

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