Mi 2012

 

El amor propio ofendido es el más seguro antídoto del amor.

Ya el himeneo y las privaciones han roto la venda que ofuscaba la vista de los infelices; aquella amabilidad de él es coquetería a los ojos de ella; su noble orgullo, insufrible altanería; su garrulidad divertida y graciosa, locuacidad insolente y caústica; sus ojos brillantes se han marchitado; sus encantos están ajados, su talle perdió sus esbeltas formas, y ahora conoce que sus pies son grandes y sus manos feas; ninguna amabilidad pues, para él, ninguna consideración.

Larra, adaptado desde El casarse pronto y mal.

 

 

Uno suele saber cómo acaban las cosas, cómo evolucionan y qué nos aguarda, hacia dónde se encaminan y cuál ha de ser su término; todo está ahí a la vista, en realidad todo es visible desde muy pronto en las relaciones como en los relatos honrados, basta con atreverse a mirarlo, un solo instante cierra el germen de muchos años venideros y casi de nuestra historia entera. Uno ve un día un gesto inconfundible, asiste a una reacción inequívoca, oye un tono de voz que dice mucho y más anuncia aunque también oiga uno la lengua morderse. También percibe cuándo algo se tuerce y se echa a perder, o da un gran vuelco y las tornas cambian, cuándo se fastidia todo, en qué momento uno deja de querer como antes o dejan de quererlo a uno, quién se acostará con nosotros, quién no, y cuándo un amigo descubre su propia envidia, o más bien decide rendirse a ella y dejar que ahora sola lo conduzca y guíe. Sabemos qué es lo que exaspera o revienta en nosotros y qué nos condena, qué convino decir y no dijimos o qué callar y no callamos, qué hace que de pronto un día se nos mire con otros ojos. Cuándo decepcionamos o cuándo irrita que aún no lo hagamos y no ofrezcamos el pretexto ansiado, para ser despedidos. Y también sabemos quién va a amarnos, hasta la muerte y más alla y a nuestro pesar a veces, más allá de la muerte suya o de la mía o de ambas… Contra nuestra voluntad a veces…

Javier Marías, adaptado desde Tu rostro mañana.

 

Sí, parafraseando a Nacho, en 2012 fracasé una vez, fracasé diez mil, y aún así alzo mi copa hacia el cielo.

En un brindis por la mujer de hoy, y por lo bien que habita el mundo.

Feliz 2013.

 

 

 

 

 

Un pensamiento en “Mi 2012

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