Timeline

 

Captatio benevolentia. Hoy me apetece hablar de lugares comunes. Sin esforzarme por exprimir el diccionario, sin intentar impresionar a nadie.

Así, empezaré diciendo que lo peor de tener memoria es que la memoria tiene un precio.

Llamémoslo melancolía, sabiduría, tristeza. Ninguna de estas opciones, entre ellas, se vuelve en modo alguno excluyente.

Como sabréis, Facebook ha decidido que yo, que todos, podamos hacer clic en un momento concreto de nuestras vidas y comprobar qué decíamos, a quién, por qué. Qué música escuchábamos, qué frases resaltábamos, qué series veíamos, de quién nos rodeábamos.

Y para mí, que nunca he sido mucho de guardar un diario, que siempre me he refugiado en mi cada vez más desmejorada memoria, ahora me es más accesible un dato, un proceso, una verdad que no es de mis favoritas: que cambias, que cambiamos, que cambio. De hábitos, de amigos, de novios. Y que mientras todo eso pasa, lo que queda de ti son tus pasiones. Que lo que queda de ti es que estás siempre dispuesta.

Hace unos días se me ocurrió el pueril experimento de clic en una fecha al azar. Alguna de antes de empezar a escribir este blog. Alguna de antes de irme a Jordania.

Y no pude evitar sino pensar que odiaba aquella versión de Violeta.

Era dependiente, capciosa, y bastante mentecata. Mucho menos culta, y mucho más desaprovechada. Totalmente ida. Igual de arrogante que siempre, igual de arrogante que ahora, pero sin ese punto entrañable que -creo- consigo imprimirme de vez en cuando.

Lo admito, y lo siento si llegas a leerlo. Estar contigo fue el mayor de los errores del gran libro de los errores de todos los tiempos. Mi personalidad sufrió un paréntesis de casi dos años y medio, y ahora encima Mark Zuckerberg se encarga de idear un sistema que me ayude a recordarlo desde un lugar de California que, para mayor sorna, se llama Palo Alto.

Fuiste el mismo error de siempre, pero otra variante, y una muy dañina. Y no sabes cuánto te agradezco que me dejaras marchar. Te lo agradezco en cotas directamente proporcionales al enfado que me produce pensar que desde entonces siento que no hago más que expulsar a la gente de mi alrededor.

Pero así es. Me fui lejos, muy lejos. Viví sola. Me rehice. Y desarrollé un espacio vital tan grande que, al parecer, ya no me sirve solo con invadir Polonia. Y me volviste tan exigente que acabé destrozando la única relación sana que he conocido.

Análisis simple, pero ya dije que no me apetecía pararme a pensar demasiado.

Aquella chica que pedía siempre un abrazo antes de irse a dormir, ahora rechaza el contacto físico. Es así. Tampoco lucho ya por lo que quiero -aunque es cierto que no me cuesta aferrarme a un clavo ardiendo si necesito huir-. Yo, que iba siempre con la verdad por delante, yo, que pensaba que hablando se entendía la gente. Pese a todo, a ratos estoy orgullosa de mí, y a ratos sigo perdiéndome en mi ansia de perfección. Ansia, que no anhelo, ni deseo, ni obsesión, de tan enquistada que la tengo.

Pero aquí sigo, cuatro años después de ti, y cada día más completa. Encontrando a quien me conceda la consabida inspiración, ya que tú cortaste todo atisbo de ella; y a la vez, admitiendo que nunca sabré escribir porque el ego y la arrogancia me pueden, y solo sé hablar de mí. Y de mis circunstancias. Y de mis pasiones. Alégrate, porque he aceptado que nunca llamará un editor a mi puerta. Que en algún momento, tendré que decidir qué quiero e ir a por ello, aunque eso implique ser infeliz durante un tiempo.

Aquí sigo, intentando que me gusten cosas que no me gustan. Intentando que no me gusten cosas que sí me gustan. Porque es lo que he hecho siempre.

Modelándome continuamente, sin que me acabe de convencer nunca el resultado. Preguntándome, una vez más, por qué tomo las decisiones que tomo. Qué me mueve, pues la inercia no es, y la seguridad, tampoco.

Querido Timeline: me gusta recordar cuánto me gustaba estar con alguien. Pero me gusta más saber cuánto me gusta estar sola.

Este blog, mi Facebook, y cualquier red social a la que alguna vez le haya ofrecido alguno de mis insulsos datos, siguen una máxima: nunca cuentes nada que no le contarías a un desconocido en una buena borrachera. Y supongo que podríais decir que es demasiado, o demasiado poco, especialmente si habéis conocido mi faceta más etílica.

Pero una cosa es cierta: las cosas que me duelen de verdad, no las menciono. No hablo sobre ellas. Y así es como encuentro el equilibrio entre lo que quiero que sepáis de mí y lo que quiero guardarme para mí.

Y es por eso que, de vez en cuanto, tengo que soltar estar parrafadas fuera, y dejarlas aquí, al abrigo de los bits, a la vista de todos, para gritar que estoy bien sin estarlo, sin que nadie me lo tenga en cuenta.

Y es por eso que decido desnudar mi alma mientras España juega un partido ante Francia.

Maravillas de tener un blog que nadie lee. Aunque de vez en cuando me sorprendan.

 

 

 

 

 

2 comentarios en “Timeline

  1. Tienes más razón que un santo sobre Facebook y su Time Line … ¿quien escribe un diario hoy en día teniendo facebook??? … y lo mejor es que antes tu diario … no querías que lo leyera nadie … ahora lo ve Terry, Peter y Yo.

    Violeta … entrañable … me encanta que seas así, pero … ni se te ocurra negarme o alejarte ante un abrazo o un beso; porque cuando lo hago, es una muestra más del profundo cariño que te tengo.

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  2. Sin comentarios, porque simplemente no sería capaz de expresarte todo lo que quiero decirte con palabras. Pero increíble, por fin me he leído una entrada tuya que me ha gustado de verdad, no es que las demás sean mala, solo era que no captaban totalmente mi atención porque no me mostraban a la verdadera Violeta. Es bueno saber que cambias, solo decirte que… bueno, es de valientes sonreír cuando el corazón llora ¿no? ;)

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