De recurrentes compañeros.

 

Lo sé, lo sé, lo sé. Llevo más de un mes sin escribir.

Supongo que cuesta volver a coger el ritmo cuando tu vida se sume en una amalgama de cambios. No físicos, ni de carácter. Simplemente, cambios. De esos para cuya respuesta no hay un capítulo de Sexo en Nueva York. De esos que te llevan a buscar esas respuestas en otra parte.

Cuando algo cambia, siempre deseas volver a recordar el comienzo. A tu cambio más reciente. Al día que abriste un nuevo blog y lo llamaste Miss Caulfield. Recurrir a lo recurrente. Recordar lo memorable. Adaptación. Aceptación.

De cambios siempre hablaba él. Nunca he contado por qué aunque, como muchas otras cosas, quizá sea evidente. Nunca he contado por qué Miss Caulfield. Aunque sí les he hablado de él, de Holden, del eterno Holden Caulfield, que Salinger inmortalizó en The Catcher In The Rye. Supongo que millones de personas se sienten, se sentirán, se habrán sentido, identificadas con un personaje así. Por una vez, no me asusta no ser original, no rallar en extremo mis propias rarezas. Cualquiera puede sentirse identificado con Holden Caulfield, aunque ninguno seamos cualquiera. Aunque, especialmente, él no sea cualquiera.

 

Holden Caulfield

Holden Caulfield

 

Para los que no hayan leído la novela, está escrita en primera persona. Holden relata cuatro días de su vida, desde que escapa de su cuarto internado, Pencey, en Pennsylvania, a Nueva York, hasta que se decide a llamar a sus padres y contárselo todo. En esos cuatro días Holden miente a los demás, se miente a sí mismo, se delata, cruza sus propios límites y llega a conocerse mejor que nunca. Holden es rebelde, sí. O al menos lo es en la medida en que todos queremos serlo. Holden no sabe lo que quiere, pero tiene muy claro lo que no quiere. Y si hay algo que no le gusta, pero no porque sea conservador o intolerante, son los cambios. En esos cuatro días Holden entiende que hay cosas que no deberían cambiar, que hay cosas que es mejor dejar en una de esas vitrinas de cristal de los museos, y dejarlas allí tranquilas.

De Holden solo conocemos cuatro días de su vida, aunque sepamos muchas cosas más. Pero de Holden, ante todo, aprendimos que hay ciertas cosas que no se deben contar. La novela acaba con un consejo: «don’t ever tell anybody anything; if you do, you start missing everybody».

Nunca he contado por qué, pero frases como esta son las culpables de mi profunda admiración por el inglés. Porque ese ‘miss’ encierra una doble interpretación, y el sentido final solo lo guarda Holden. En la traducción al español, se tradujo simplemente por “echar de menos”, sin hacer guardar una nota del traductor, ni una explicación sobre el original. Cuando lo más probable es que Holden quisiera decir “perder”, sin dejar de lado el juego de palabras.

Pero lo más probable, o lo que yo encuentro más probable tras haber desarrollado más empatía con un personaje literario que con muchas personas animadas, lo más probable es que todo este tiempo no haya estado viendo a Holden, ni a mí misma. Lo más probable es que The Catcher In The Rye sea sólo uno más de esos múltiples catalizadores que utilizo en mi vida diaria. Elementos de evasión. Vías de escape.

No me he dado cuenta hasta hace muy poco, quizá me haya llevado mucho tiempo, todo este tiempo desde aquellos catorce años donde, en una tarde, leí todas sus aventuras como si no hubiera mañana, pero Holden, a la postre, es un chaval de dieciséis años inmaduro, impaciente, encerrado en una realidad que no le corresponde. Y como él a sí mismo, a mí me ha servido todo este tiempo para encerrarme en su realidad, en una realidad que no me corresponde.

Lo bueno de las grandes obras maestras, o de tus grandes obras maestras, es que para ti son versátiles en su significado. Que cada vez que las lees, encuentras algo nuevo. Que cada vez te acompañan en un sentimiento diferente, dotándolo de un sentido diferente. Lo bueno de Holden es que siempre recurriré a él y, aunque estemos más o menos de acuerdo, siempre me enseñará algo nuevo.

Aunque ya no estemos de acuerdo, porque hay cambios bastante buenos, y hay personas que merecen que se les diga todo. Aunque sea entre líneas. Y en un blog.

¿Algo que añadir? Apuesto a que sí. Deja un comentario...

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