¿Quién escribirá la historia…

…de lo que pudo haber sido?

 

Algún día, quizá, me atreveré a escribirla. Pero serían esas tantas historias -dentro de una misma historia- que contar, que me paro a pensar si acaso habría tanto papel en el mundo. El azar, el azar es tan ruin como mezquino, y tan fabuloso como desalentador. El azar me ha permitido conocer personas tan maravillosas que, de no haberse cruzado en mi camino, mi vida ahora carecería de sentido. Como en aquellos versos de Cernuda, «si no les conozco, no he vivido; si muero sin conocerles, no muero, porque no he vivido». Ellos justificaron, justifican, y justificarán mi existencia.

Pero la vida, y su azar, y aquellas personas tan maravillosas con las que me crucé, aquellas que justificaban mi existencia, en muchas ocasiones no me permitió ser todo lo que quería, quise, ser para ellas. Han pasado muchas, muchas a las que he echado de menos, antes de llegar a conocerlas. Muchos que pudieron llegar a ser grandes amigos, grandes amantes, grandes esperanzas o grandes decepciones, pero que sólo pasaron a engrosar la lista de «lo que pudo haber sido».

A veces me imagino escribiendo a todos los protagonistas de esas historias. Escribiendo todas las cosas que aún me quedan por contarles. Cosas que sé que saben, que al menos intuyen, pero que por mí desconocen.

Hoy les voy a presentar cinco historias, que se están escribiendo mientras yo las escribo, y a una persona que me rompió el corazón.

 

Historia. Número 1.
V: Carrie es una histérica.
E: Carrie está enamorada.
V: No me extraña que digas que Sexo en Nueva York tiene todas las respuestas. Estoy de acuerdo. Las respuestas son “haz justo lo contrario de lo que hace Carrie”.
E: Carrie hace, dice y piensa exactamente lo mismo que harías, dirías y pensarías tú, de no ser porque tú te obligas a ti misma a ser fría, distante, esquiva, cínica, o lo que quieras ser, cuando te mola un tío. Ahora sólo eres Miranda, e incluso ella deja de ser así porque se da cuenta de que no es natural. El problema será que cuando conozcas a un Steve, y te enamores de él como se enamora Carrie de Big, a lo mejor, sin tú querer, te comportas como ella.
V: Déjame esperar que no sea así…

 

A C., que poco o nada tiene que ver con E., ni con G., ni con M., ni con J., y mucho menos con P., y que es mi historia no escrita por excelencia, la conocí en algún momento de octubre de 2004. Y dejé de conocerla en algún punto, impreciso, del verano de 2008.

Y ella conoció a la auténtica Violeta. Sea quizá la única persona que alguna vez haya conocido a la auténtica Violeta. Pues con ella nada daba miedo, y no tenía que estar a la altura de nada. Ella lo fue todo para mí. Y ahora, ahora que la necesito, entono un ojalá nunca hubiera existido, aquello que se interpuso entre mí y las razones de mi propia existencia, aquello que provocó que una noche ella me dijera «nunca más», aquello que trajo el día en que supe que ya no habría más terminales de aeropuerto, ni hijos a los que casar, ni vacaciones juntas, ni conciertos, ni cartas, ni Top 5’s. Ni futuro.

Y así, como más de un hombre me ha roto alguna vez el corazón, fue una mujer quien me lo destrozó por completo. Fue ella quien lo hizo pedazos, tras haberlo herido, pisado y partido. Y cada latido no hacía sino recordarme que ella ya no estaba, ya no era para mí. Que estaba tan decepcionada que todas las promesas, todos los planes, todas las alegrías, esperanzas e ilusiones, no merecían la lucha. Que yo ya no merecía la lucha, porque no la merecía a ella.

Historia. Número 2.
G: Has tomado esa decisión por miedo.
V: ¿Y eso le resta mérito a la decisión?
G: Para nada. Es una consideración, únicamente. Un factor más a analizar…

 

A ella le gustaba mucho esta canción. En una ocasión, me contó que la escuchó por primera vez en su viaje de ida a Madrid, poco antes de conocerme a mí. Y que le pareció el perfecto resumen de todo.

Lo es, es el perfecto resumen de todo. De todo lo que pudo haber sido, y que nunca será. Y de cómo voy a recordarla, siempre.

 

Porque «if only» is a wish too late.

Historia. Número 3. Y mi favorita.
M: Me gustas por estas cosas. Cuando sales de ese corsé autoimpuesto. Cuando sales, sobre todo por accidente.
V: ¿De verdad se nota tanto que me autocensuro?
M: Al menos yo, lo veo. Autocensurarte implica que no seas tú misma, lo cual también tiene que provocarte, a la larga, frustración.
V: Obviamente, me causa frustración. Pero si lo hago es porque siendo yo misma os parezco una niña repipí con mil pájaros y tonterías en la cabeza.
M: Mejor eso a mostrar algo que no eres.
V: Sabes que si precisamente me gustó tanto el viaje a Delhi es porque creo que fui más o menos yo misma. Que estaba cómoda, y no tensa, como casi siempre… Sé que la gente lo nota, pero no depende ya de mí. Cuando trabajas tanto por ponerte un corsé, como tú dices, quitárselo cuesta, ¿no?
M: No, lo que cuesta es ponérselo. Quitárselo es cuestión de segundos.
V: Soy demasiado vulnerable entonces, y no me gusta. Luego acabo llorando en el aeropuerto,  como en Delhi. Ahí, a moco tendido…
M: ¿Lloraste en el aeropuerto de Delhi?
V: Pues claro que sí. La gente flipaba. Fui sola. Jordi se durmió y a partir de ahí no paré de llorar. Y ya dejo de sincerarme… Me voy a quitar el susodicho corsé y todo, con lo bien que me queda.

 

Hay películas que ves tarde, hay libros que lees demasiado temprano. En otro momento de tu vida, en cualquier otro momento de tu vida, habrían significado otra cosa para ti. Nada, o absolutamente todo.

Quizá sean las circunstancias, y no tanto el azar, quienes definan lo que cada persona que se cruza en nuestras vidas ha de significar para nosotros. Sólo sé que a ella, a ella el universo la puso para mí justo en el sitio correcto, y en el momento adecuado. Sólo sé que a otros, el universo la jodió, y les puso justo en el sitio incorrecto, y en el momento menos adecuado.

(Suena como bonita excusa.)

Historia. Número 4.
V: A la larga, sí, encuentro con quien estar a gusto. Pero eso es hasta contraproducente. No sé si me explico…
P: Pretender actuar de una u otra manera es una tontería por dos razones: porque es imposible actuar siempre, y porque si se actúa no se es como realmente se es y, por tanto, las relaciones que se forjan no van a ser igual de reales.
V: Este año he conocido a muchísima gente a la que, por circunstancias (casi siempre estábamos de viaje) me he abierto más rápidamente. Me he traído de recuerdo a gente muy guay, que se ha dado cuenta, perfectamente, de que yo no soy así. Pero que, por así decirlo, se contenta con sus dosis de “Violeta de verdad”. No creo que mis relaciones sean menos reales, con una misma persona puedo estar más o menos a gusto según la circunstancia. Y, a la postre, la cuestión de por qué soy así es porque soy una desconfiada y me paso el día pensando que me van a hacer daño. Pero eso no es malo. Es humano.
P: Es bueno o malo según te lo tomes tú. No, no tiene por qué ser malo.
V: Supongo que es malo en la medida en que dejas de hacer cosas, o de intentar cosas, por miedo.
P: Pues sí. O en la medida que a la gente le pueda resultar desagradable o perder interés porque piensen que tú no tienes interes por ellos. Si estás a la defensiva…
V: Eso no me preocupa… (…) ¿Tú no tienes como pánico a tener una relación seria de nuevo?
P: No. Hombre, ¿para qué estamos si no?
V: No entiendo la pregunta…
P: Nosotros, en la vida.
V: Pues, desde luego nuestra finalidad no es enamorarnos, ni nada de eso. Y mucho menos, ir hilvanando relaciones…

 

Ella siempre me decía «un clavo no quita otro clavo, Violeta, los dos se ponen mal». Últimamente pienso mucho en eso. Hasta qué punto podemos intentar suplir el vacío que nos ha dejado una persona con otra. Con otra, otra. Otra que, inequívocamente, no va a tener nada que ver con ella. Porque no va a ser ella.  Pero que no vaya a ser ella, no quiere decir, tampoco, que no pueda ser mejor que ella. Lo diferente no tiene por qué ser malo. Lo desconocido, por más que asuste, puede ser bueno. Puede ser mejor. Pero cuando estás realmente asustado, cuando tienes tanto miedo que no puedes reaccionar, dejarse vencer no es inmadurez. A veces, se confunde ser inmaduro con ser humano. Y a causa del miedo, del temor, del pánico, del pavor, hoy yo, y tantos como yo, seguimos dejando historias sin escribir.

Historia. Número 5.
J: Ya lo harás, cuando superes el miedo escénico.
V: Es que lo mío… es para darme de comer a parte.
J: Al final, te darás cuenta de que todos somos reemplazables.

 

Todos no.

Al final, quizá me dé cuenta, pero hoy no hay quien la reemplace, no hay quien os reemplace.

Estas cinco historias se están escribiendo mientras yo las escribo. Mientras las vivo y disfruto. Mientras las saboreo en sus múltiples fundamentaciones. Que, desde el amor perdido, hasta la amistad más salvaje, pasando por el más profundo aburrimiento, cualquier excusa es buena, siempre será buena, para tener una buena conversación.

Estas historias se escriben. Hoy, que es siempre todavía. En algunas de ellas, desconfío. En otras, por primera vez en mucho tiempo, creo. Creo con todas mis fuerzas.

Sigamos escribiendo, sin miedo.

Un comentario en “¿Quién escribirá la historia…

  1. Cuánto tiempo esperando una nueva entrada, me alegro de que sigas escribiendo… sin miedo, porque bueno, al fin y al cabo, la vida no dejar de ser un libro que se escribe solo. Un saludo.

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