Tic, tac.

Hoy no me apetece hacer literatura.

Hoy me apetece sentarme y recordar, retrotraer, recuperar lo memorable.

Hace exactamente un año estaba en Madrid. Hay cosas, muchas, que han cambiado desde entonces. Pero otras no. Ya no hay ni Pascual, ni España, ni máster, ni compañeros de. No hay ni Grupo F, ni Colegio Mayor, ni Paseo del Arte, ni Retiro. Ahora hay Ammán, y un nuevo blog, y Oriente Próximo, y viajes, lejos, muy lejos de Benidorm. Pero sigue habiendo fatalismo, y qué hacer, y qué decir, y qué elegir. Por eso hay cosas que han cambiado, muchas, desde entonces. Pero otras no.

Otras no. No cambia la suerte que tengo de seguir teniendo grandes, grandísimas conversaciones.

El primer día que llegué a Goa, sentada en la moto con Jordi, le pregunté qué tal en India. Si estaba contento, y a gusto. Si estaba bien. Me contestó que, ante esa pregunta, él siempre respondía lo mismo. Qué tal en India. Aprendiendo. Porque si algo había estado haciendo era aprender.

Y en Belén, con Jorge, tras una semana recordando, retrotrayéndonos y rememorando, y repitiéndonos que hace ya siete años que nos conocemos, me atreví al fin a preguntarle cómo me veía. Si me notaba cambiada, si seguía siendo la Violeta de siempre. Me dijo que se notaba que sabía moverme, que estaba cómoda, que caminaba por las calles como si fuera mi casa. Que me defendía. Que a ratos decía, y pensaba, que esa no era su amiga. Pero que en el fondo, sí, seguía siendo la Violeta de siempre. La que pretende ser fría e insensible, y acaba por serlo, pero por el camino no hace sino engancharse y hacerse daño.

Hace algo más de siete meses, en este blog, escribí una suerte de propósitos a cumplir a lo largo de mi andadura por acá. A día de hoy, puedo decir que sí, los cumplí todos. He pateado las calles de Damasco, he cruzado Palestina, y he dormido en el desierto rodeada únicamente de estrellas. Y también estuve en India, y mantuve conversaciones interesantes con un buen amigo. Y, aunque no exactamente como lo planeé, fui a África y volví a ver los ojos más bonitos que pueden encontrarse entre 250 personas.

En el camino, he hecho un amigo. Uno de verdad, aunque sólo pueda disfrutarle cinco meses más porque, sin acritud, hemos acordado no creer en la amistad para toda la vida, pero sí en el facebook para toda la vida. Uno que merece un “lo siento” y más de unas “gracias” y que, aunque nunca será mi editor, siempre querrá editar mis palabras. Que, por más bien que estén escritas, nunca estará de acuerdo con ellas.

En el camino me he caído, me he vuelto a levantar, me he escapado, y me ha llovido alguna que otra hostia. Pero también he sido feliz, he vuelto a sonreír, y a llorar con ganas, y a disfrutar, y a bailar y cantar frente a un espejo como si no hubiera mañana. Y he aprendido.

En el camino he aprendido que lo fácil no se valora, que las expectativas son tan inevitables como dolorosas y que, de todas las estupideces que el hombre puede cometer, engañarse a sí mismo es la peor. Que las ecuaciones tienen las incógnitas que tienen y que, por más complicadas que sean, no se pueden igualar a cero y hacerlas desaparecer tan fácilmente. Y que, despacito y con buena letra, cualquier teorema se puede resolver.

Que Oriente Próximo es una tierra de luces y sombras, quizá a partes iguales, que a mí me sigue encantando.

Yo soy escapista de profesión. Tuve que escapar de España y escapé. Tuve que escapar de Ammán y así lo hice. Pero todos los días escapo, porque todos los días he de escapar. He de escapar de la incertidumbre, del miedo, de la aprensión. De mi espacio vital y de mi forma de ser. De lo que pienso, creo y siento. De todo lo que fui y de todo lo que pude llegar a ser.

Pero me he reconciliado conmigo. Y eso quizá sea lo más importante. Y he vuelto a escribir. Aunque mal. Pero eso es lo bueno.

En estos siete meses, he promediado unas tres entradas al mes. He acumulado más de tres mil visitas y un par de comentarios por entrada. No sé qué pensarán ustedes, lectores asiduos de este blog (si los hubiera). Yo he vuelto a sentirme orgullosa de lo que escribo y de cómo lo escribo. He recuperado una pasión que pareció hibernar durante dos años, y la he recuperado con ganas y con mucha fuerza. Y mientras no vuelva a dejar de escribir, mientras no vuelva a perder la costumbre, sentiré que las horas sin dormir habrán merecido la pena. Yo habré merecido la pena.

Y ustedes se podrán reír, como ríen todos aquellos que me oyen (que no escuchan, en muchas ocasiones) hablar de mí y de lo que siento. Porque debo de ser muy graciosa. Pero, por primera vez en ya casi 24 años, creo que no les voy a pedir perdón. Creo que ya me cansé de pedir perdón.

Que, como decía la canción, estoy hecha a pintar mis suelas del color del polvo de donde yo quiera, y mis sueños pasean por cualquier acera.

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No sé qué me depararán los 24. Si volveré a escapar, si seguiré encontrándome, si volveré a perderme o si facebook será ciertamente o no para toda la vida. Así que, si me preguntáis, ¿qué tal en Jordania, Violeta?, os diré

“Bien, aprendiendo.”
“Bien, aprendiendo.”

6 comentarios en “Tic, tac.

  1. Hola Violeta,

    Soy Esther, de Estocolmo.

    Desde un país totalmente diferente al tuyo, y desde la edad más lejana que el master permitía (los casi 30), creo que sí has cambiado. Desde tu primera entrada jordana a esta, hay una metamorfosis.

    Pero en el fondo, uno siempre es en esencia el mismo, sólo acumulamos etapas a lo cebolla. Y en esas esencia, está escribir muy bien.
    Sigue usando la escritura como catarsis.

    Un abrazo desde el frío.

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  2. Clap, clap, clap…

    Violeta: me embelesa tu manera de escribir, en serio. Sigue así: usa la escritura en tu propio beneficio… que a nosotros bien que nos gusta! ;)

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  3. Me alegro mucho por lo que viviste y me encantó como nos lo contaste. Que sigas aprendiendo, y nosotros de ti…
    …y que cumplas muchos mas

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  4. Violeta, no te dije aprendiendo, te dije descomponiendo… que me estaba descomponiendo con tanto masala y tenía que ir al baño!! jejeje, muy chulo leerte. sobre todo cuando se te empieza a ir la bola!!! un besito, y felicidades muy atrasadas, que nunca me entero de los cumples y FB y yo no nos llevamos muy bien (aunq tu te acordaras del mio, sorry) MUA!

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  5. Si me detuviera a pensar la mala suerte que he tenido al descubrirte un poco tarde… me retractaría a los cinco segundos; disfrutaré leyéndote de ahora en adelante, pero ayúdame ;). Genial, Violeta.

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