Charlotte

 

Debe de haber muchas Charlottes a lo largo y ancho del mundo. Charlotte York, Charlotte Lewis, Charlotte Gainsbourgh. Muchas. Pero yo hoy me voy a referir a una Charlotte sin apellidos. A una que Sofia Coppola creó y que Scarlett Johansson personificó para gloria y soporte de Bill Murray. Hoy me voy a referir al gran personaje secundario que somos todos, de una manera u otra, en algún momento de nuestra vida. Demos soporte o no a un personaje principal.

Y aquí va un aviso a navegantes. Hace poco un buen amigo me dijo que no había quien entendiera mi blog. “Sólo hablas de pelis y de libros que, si no he visto, no puedo entender.” “Pero si sólo las utilizo para expresar cómo me siento, y explico el porqué, ¿qué más da que no las hayas visto o leído?” “Que sí, que sí, que tu blog no hay quien lo entienda, y cuando quieras te lo demuestro”. Así que es muy probable que esto sólo lo entiendan los que, como yo, hayan visto cincuenta veces Lost In Translation. Absténganse el resto de intentar leer entre líneas, aunque esta vez no sea muy complicado.

Hoy voy a hablar de ella, de la chica que vive mintiéndose -que no engañándose- y mintiendo a los demás, de la auténtica profesional del escapismo, de la chica que no es ambivalente, sino dual. Y de la película por la que, cualquiera que sea preguntado, contesta “oh, esa película habla de la soledad…” (léase con voz de Antonio Gala). De la película que habla de la soledad, sí, pero también del sacrificio, de la complacencia, de la pasión, y de adónde nos lleva todo lo anterior una vez hemos perdido el orgullo. Si es que alguna vez lo tuvimos.

Pondré en antecedentes a quien no haya visto la película. Charlotte es una chica de veintitantos que acaba de graduarse en Yale. Está casada con John, un fotógrafo -parece ser que de cierto éxito- que ha de trasladarse una temporada a Tokio. Ella va con él y allí conoce a Ben, un actor que está en Japón ganando una millonada simplemente por aparecer en un anuncio de una marca de güisqui. Como dije antes, la película (el guión) se gestó para gloria de Bill Murray, y es su personaje el eje central. Él se come la pantalla, él se desnuda, él es quien realmente está perdido en la traducción. Charlotte sólo existe como indefinición. Como una esteta, sosaina y aburrida, que simplemente parece no saber lo que quiere y sólo sabe estar completamente perdida. Pero hay una escena en concreto, hay un gesto, en el que su personaje se reivindica y, quizá, se muestre más transparente que en ninguna otra escena de la película.

 

 

Kelly: But listen, let’s all go out for a drink sometimes. Yeah?
John: Yeah, yeah.
Kelly: You know, call me, okay?
John: Yeah, okay.
Kelly: Alright. Listen, I’m under Evelyn Waugh. Shh, okay?
Charlotte: [after Kelly leaves] Evelyn Waugh? Evelyn Waugh was a man.
John: Oh, come on, she’s nice. What? You know, not everybody went to Yale. It’s just a pseudonym, for Christ’s sake.

 

[Pueden ver la escena completa aquí.]

 

Me gusta esta escena porque, hasta entonces sabíamos que, quizá, el problema de Charlotte se llamaba John. Porque ese gesto, esa cara de asco, encierra dos interpretaciones, y está a medio camino entre el desprecio y la envidia, si no muestra ambas cosas al mismo tiempo. El problema de Charlotte no es John, es ella misma. Ella y su dualidad. Ella y la superioridad moral que siente, la satisfacción que corre por sus venas cuando oye decir Evelyn Waugh. Ella y la infelicidad que le llena por completo cuando oye la risa de John ante semejante estupidez. Porque ella sabe que es mejor que Kelly, mil veces mejor. Pero también sabe que los demás no lo saben.

Minutos más tarde, Charlotte acude a la conferencia de prensa que Kelly -que es actriz- está dando en el mismo hotel donde se hospeda ella. Vuelve a sonreír con malignidad ante sus tonterías y se aleja. Originariamente, esa escena duraba 5 minutos, y en el montaje final sólo se respetaron 30 segundos.

 

 

Kelly simboliza todo lo que yo puedo llegar a odiar. Pero también todo aquello que los demás pueden llegar a amar. ¿Por qué Sofia Coppola gastó tiempo y dinero en rodar una escena que se sabía condenada a ser eliminada? ¿Que se sabía, no casaba, era demasiado larga y alteraba la lógica de toda la película? Las malas lenguas dicen que Kelly está basada en Cameron Díaz, a quien Sofia odia desde que su ex, Spike Jonze, rodó con ella Cómo ser John Malkovich.

Sea lo que sea, Kelly simboliza aquello que no quiere ser, y tiene aquello que quiere tener. Y su gesto, para mí, encierra esa doble interpretación. Porque Charlotte no merece estar perdida en la traducción. Eso lo sabe John, lo sabe Bob, y lo sabemos todos. Todos nosotros, que ansiamos tener y conocer a una Charlotte, pero que acabamos deseando y conformándonos con una Kelly.

O puede que no. De hecho, lo más probable es que sólo esté intentando imprimirle a un personaje características que me ayuden a identificarme con ella, y nada más. Quizá simplemente esté proyectando en el personaje de Charlotte elementos de mi propia personalidad que necesito vincular a un ente imaginado. Quizá lleve haciendo eso toda la vida y sea momento de acabar. Porque yo no soy Charlotte, ni Holden Caulfield, ni Hal 9000, ni Travis Bickle, y mucho menos Ignatius J. Reilly. No soy ni tan genial ni tan inolvidable como ninguno de ellos.

Así, su gesto puede significar mero asombro, y no necesariamente desprecio. Porque lo más probable es que su personaje sea mucho más simple. Lo más probable es que yo sea mucho más simple.

Los que hayan visto la película, recordarán el homenaje final a La Dolce Vita, en el cual Bob, al despedirse de Charlotte, le susurra algo al oído que no podemos escuchar. No les voy a relatar las insondables hordas de teorías al respecto que pululan por foros, ni la de veces que he creído dejarme el tímpano repitiendo una y otra vez la escena desde mi DVD. Pueden intentarlo, si gustan. Lo que sí sé, es que las últimas palabras de Bob a Charlotte son “and tell him the truth, ok?”.

 

Así que, la próxima vez, dile la verdad, Charlotte.

 

Y oblígame a decirla yo también, aunque sólo sea de vez en cuando.

 

2 pensamientos en “Charlotte

  1. No me he leido A Confederacy of Dunces…pero conociendote un poco, puedo imaginarme el personaje este de Ignatius.

    Lo de lo intentar imprimirle a un personaje características que me ayuden a identificarse con él, es necesario. Y natural.

    Muy buen post…ciertamente mucho mejor de la peli.

    Me gusta

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