Líbano para literatos.

 

Es esta la historia de quien partió cuatro días a Líbano, intentando escapar de su mundo descomunal.

«La caminante sobre el mar de agua.»

Allí caminó por La Corniche, enfundada en su sudadera azul recién adquirida en el templo Hard Rock, pensando en no pensar, pensando en que la suerte, para ella, volvía a ser una ramera de primera calidad.

Allí tuvo ocasión de volver a reír a carcajadas, de saltar entre camas, de gritar, allí donde solía ella gritar. Tuvo ocasión de cantarle a John Boy como si el mundo estuviera a punto de terminar, de compartir un iPod en un autobús, de sentir el mar. Y hasta ella, que odiaba las iglesias, tuvo ocasión de ver una de las iglesias más bonitas que jamás vería.

Iglesia de San Juan Bautista. Byblos

Allí vio a niños sonreír porque tres desconocidos les tomaban una foto. A quien, inocente y feliz, nos preguntaba “how are you” incesantemente, sin encontrar más respuesta que tres corazones encogidos. A quienes la saludaron en la distancia, en un saludo que más bien sintió como una muestra de agradecimiento. Y un aplauso ensordecedor porque un hombre le tocaba el hombro a una mujer.

Vio muerte y destrucción.

 

Y allí, entre edificios bombardeados de oxígeno, conoció a un príncipe, que le pidió que le contara historias a él y a su consorte porque ella, a su tenor, parecía saber contar historias, aunque solo fuera a través de unos ojos gigantescos que siempre, siempre la delataban.

Y eso hizo. El príncipe reía y reía, y ella se sentía feliz. Pero de repente, sin preverlo, dudó de su felicidad. Su cara se entristeció y sus ojos, espejo de su alma, miraron cabizbajos a su príncipe, clamando por la retirada. Acudió al baño a enjuagarse las lágrimas que empezaban a asomar y, allí, al verse en el espejo, lo comprendió, todo.

Comprendió que aunque sintiera las cosas de cierta manera, ello no las convertía en lo que ella querría, en lo que ella deseara. Comprendió que la gente se muere, que la gente se mata, que hay países en guerra, y que nada de aquello iba a cambiar por más que ella así lo anhelara, con todas sus fuerzas. Y comprendió que aquel príncipe nunca vería en ella más que a una niña mona e inteligente, con la que reírse de sus extravagancias y ocurrencias. Y que nunca, nunca le diría la verdad.

Y, entonces, se desvaneció.

La consorte real, apremiada por su príncipe destronado, corrió cuando le avisaron de que una niña, de ojos ensangrentados, yacía en el suelo entre los restos de un espejo roto.

– Ya no os contará más historias, Alteza. Me temo que se le ha roto el corazón.

A lo que el príncipe proclamó:

«De ahora en adelante, que todos los que vengan al Líbano no tengan corazón.»

4 pensamientos en “Líbano para literatos.

  1. Totalmente magnífica actualización!

    Un regalo que se puede amoldar a tu situación:

    No se lo enseñes a tu madre si no quieres que se arruine en El Corte Inglés…

    Disfruta de la fiestas con tu familia.

    1 beso

    Me gusta

  2. Tanto sentimiento, bonitas palabras
    expresan emoción
    emocionan
    y me hacen pensar que todavia sentimos
    algunos humanos

    Gracia Vio

    Me gusta

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