«A los inteligentes.»

 

Para los que me han conocido, yo nunca he sido más guapa que, ni más divertida que, pero sí más inteligente que. En términos comparativos, me han llamado guapa una vez por diez que me han llamado inteligente. Y no me considero fea pero, desde luego, sería absurdo considerarme tonta -como contrapunto inexacto a ser inteligente-.

En la soledad de mi hogar ammaní intento contar las veces que, quejándome de mi aspecto, o de mi insondable forma de ser, o de mi frialdad, los demás me comparaban y me decían sí, pero ninguno/a tan inteligente como tú.  Algunos, y algunas, a quienes no consigo hacer entender lo dañino de su buena intención. Porque ser inteligente es una maldición. Una maldición que conlleva que en todo momento seamos conscientes; y la consciencia de lo que existe, aunque muchos teóricos digan que no se puede aprehender, es profundamente dolorosa. Conocer, saber, es una de las peores cosas que nos pueden pasar en la vida.

Lo peor de todo es acostumbrarse a ello, a ser inteligente, a no valorar un regalo. Porque a la vez que conocemos y sufrimos nuestro pesimismo extremo, somos capaces de sentir que hay demasiada belleza en el mundo. Tanta que, sin quererlo, también nos hace daño.

O quizá no. Quizá lo peor de todo sea sentir la necesidad de pedir perdón por ser inteligentes, porque muchas veces nos preguntamos qué hemos hecho para merecer esto. Por qué nosotros, por qué no otros, cómo hemos llegado hasta aquí. En qué punto de nuestras vidas podríamos haber sido más comunes, más mediocres, más felices, y menos pesimistas.

La gente suele reír la primera vez que oye ciertas historias. Se ríen de que Nietzsche le hablara a un caballo, de que Larra se pegara un tiro o de que Van Gogh se cortara una oreja. Pero yo no. Nunca podré hacerlo. Porque si lees sus obras, les compadeces, y les entiendes. Entiendes el tremendo sufrimiento al que se veían sometidos porque ellos, arbitrariamente, eran más inteligentes.

Y lo somos. Somos conscientes de que nuestra total incapacidad de expresar nada adecuadamente, porque tu cerebro va más rápido que tú, porque a veces crees que no existen palabras suficientes, porque no puedes parar. No puedes parar.

Porque corremos el riesgo de convertirnos en personas en extremo analíticas, pero llega un punto en el que ya no podemos evitarlo.

Esto es lo que somos.

Cuando ser inteligente es lo mejor y lo peor que nos ha podido pasar en la vida.

5 comentarios en “«A los inteligentes.»

  1. Violeta … en primer lugar, bien por haber utilizado “inteligente” y no “listo/a”, puesto que todos sabemos que no significan lo mismo.

    No te martirices porque la gente te llame inteligente más que guapa, cada persona destacamos más por unos rasgos que por otros y tu inteligencia sobresale por encima de tu físico. Personalmente prefiero ser feo e inteligente que guapo y no tan inteligente. Con todo lo que ello conlleva.

    No te voy a negar que las personas más inteligentes se corten orejas, se peguen tiros, o le hablen a caballos. Yo muchas veces pienso que las personas menos inteligentes, en el fondo son las más felices, le dan menos vueltas a las cosas y por tanto sufren menos.

    Lo que si te puedo discutir es que no siempre la gente inteligente es “consciente” de las cosas y de ahí un alto porcentaje de sus infelicidades, frustaciones y fracasos. Ocurre que arrasas con tus ideas, opiniones, sabiduría y el mundo te reconoce con todo eso, te adora ( o te odia) … pero ese precio se paga muy caro. El contrapunto es que no eres “consciente” que dejas de lado otras cosas, normalmente alejas a gente de tí porque no llegan a tu nivel, no porque no sepan hacer la “o” con un canuto sino porque teniendo una inteligencia media a ti no te motiva que no te lleguen a la suela del zapato y ESE es el verdadero problema, no ser “consciente” de que esa gente también merece un sitio en tu vida y hay que saber llegar a ellos también. Seguro que esa gente puede aportar otras cosas(te lo demuestro cuando quieras).

    Violeta, como siempre y como nos tienes acostumbrados … GRAN post.

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  2. Ciao bella:

    Ya Carlos I se aventuró a afirmar que el alemán era el idioma de los caballos. Tuvieron que pasar casi 400 años para que llegara Nietzsche a confirmárselo.

    Lamentablemente debo llevarte la contraria y decirte que eres una inconsciente.

    Baci!

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  3. Como dicen por ahí:
    -La consciencia, y por una gran parte “el ser inteligente”, es un castigo divino.
    Ya no queda nada para vernos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  4. Estimada Violeta
    La definición de Inteligencia es algo muy abstracto y difícil de entender, pero para eso está wikipedia que lo sabe todo, y la definición que más me ha gustado ha sido esta:
    “Una capacidad mental muy general que, entre otras cosas, implica la habilidad de razonar, planear, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente y aprender de la experiencia. No es un mero aprendizaje de los libros, ni una habilidad estrictamente académica, ni un talento para superar pruebas. Más bien, el concepto se refiere a la capacidad de comprender nuestro entorno”.

    Con todos mis respetos, y sin ánimo de ofender, a mi lo que me parece es que a ti te cuesta un poco comprender tu entorno.

    La inteligencia -que sin lugar a dudas se puede aprender, al margen de ciertas capacidades innatas- la desarrollamos en función de lo que nos gusta; así alguien que le gusta “la gente” adquiere grandes capacidades de comprensión de los demás, alguien más introvertido y que le guste leer sobre el sexo de los ángeles se volverá un experto en tema y le llamarán inteligente. No veo realmente la diferencia.

    Otra cosa, sobre la consciencia. Tal vez te has convertido en una persona “en extremo analítica”, y puedes decir que eso te ha llevado a ser muy consciente (o viceversa, da igual), sin embargo la verdadera consciencia está en ser consciente (valga la…), darse cuenta, ser el observador de tus propios análisis, de un torrente de ideas que recorren tu mente y de las que parece que no te puedes deshacer y te crean ese sufrimiento (por lo que he leído en tu blog). Tu grado de libertad no difiere mucho de el de los que llamas comunes, mediocres y menos optimistas.
    De hecho, si yo tuviera que definir inteligencia con mis palabras, diría que se trata de la capacidad de ser feliz y hacer feliz siendo consciente.

    Una última cosa que no entiendo, ¿cómo puede ser que la belleza te haga daño? ¿La imposibilidad de disfrutar de la belleza te refieres?

    Un abrazo, espero de verdad que no te tomes mal mis comentarios.

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  5. Estimado Jorge (que no Jordi):

    En ningún momento ofendes, todo lo contrario. Me ha parecido un comentario sumamente acertado y francamente constructivo.

    Tienes toda la razón en que me cuesta comprender mi entorno. Pero esto se debe, principalmente, a una carencia total y absoluta de inteligencia emocional o, como decía mi tía, “ay sobrina, tan lista para unas cosas y tan tonta para otras”. Siempre he tendido a mirar a los demás -y al mundo en general- desde un punto de vista demasiado egocéntrico, admitiendo que los demás debían sentir lo que yo sentía. Y eso es incierto, a la par que doloroso.

    De todos modos, he de admitir que no estoy muy orgullosa de haber publicado esta entrada. Fue fruto de un desencanto personal con alguien que me llamó “inteligente” en un momento en que aquello era lo último que quería escuchar. Y, como todo lo que publico, estaba más bien orientado a saber “leer entre líneas” pero, una vez más, el mundo y los que me rodean no son lo que yo quiero que sean, aunque sí quienes yo quiero que sean. No sé si me explico.

    Por último, sobre la belleza: por supuesto que puede llegar a abrumar. No en vano existe el síndrome de Stendhal. Siempre recurro a aquel fragmento de American Beauty para explicar cómo me siento en este sentido: “A veces hay tanta belleza en el mundo que siento que no lo aguanto, y que mi corazón se está derrumbando“.

    En fin. Muchas gracias por el comentario. De verdad.

    Me gustaría saber que podré hablar de esto en la India contigo…

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