Istanbul

 

 

Hace escasas doce horas regresé de Estambul, Turquía, Europa/Asia, el Mundo, el Universo. Es el primer viaje que hago desde otro lugar, otro lugar que no se llame España. No sabría explicar por qué, pero ello claramente ha influido en la percepción que hoy, sentada en el despacho, recupero de Estambul. Y me ha servido de algo, de mucho. Me ha servido para constatar que el subdesarrollo social, político y económico no es un designio divino de Allah, que el islam no está condenado al ostracismo ni determinado al desentendimiento con el ‘manido’ Occidente, en un lugar donde la línea que separa el ‘supuesto’ Oriente de Said del Occidente de Huntington es tan fina como un estrecho que se cruza en treinta minutos y tan ancha que se desdibuja por completo. Me habría sorprendido visitar Estambul desde Madrid, sin duda alguna; pero me sorprendió más visitarlo desde Ammán. Conocer la potencialidad del cruce de culturas en dos sociedades muy diferentes, pero separadas tan sólo por dos horas de avión y más de cinco vuelos diarios.

Los detractores, los adictos a Huntington, los que leyeron y enmarcaron el último ‘special report’ del Economist sobre Turquía se retrotraerán al discurso griego, alemán, francés, intolerante e intolerable. Turquía no es Estambul, dicen mientras clavan en nuestras pupilas su pupila azul. Pero decir que Turquía no es Estambul es tan banal como decir que España no es Madrid o Barcelona, Grecia no es Atenas y Francia no es París. Es un pretexto para intentar negar que un país capaz de institucionalizar un estilo de vida y un comportamiento social como el que viví en Estambul, aunque se reduzca a un espacio, es capaz también de extender el modelo. (Pero espero tener la oportunidad de ver el resto de Turquía para saberlo.)

Es también un pretexto para intentar negar a un país que se pregunta, se debate, se cuestiona hechos que ocurrieron hace cien años. Porque en Turquía se debate el genocidio armenio, con complicaciones, pero se hace. Y uno no puede hacer sino preguntarse: si ellos pueden recapacitar, ¿por qué no nosotros?

No lo sé. No sé por qué un estado ‘en teoría’ menos desarrollado y con menos tradición democrática que la nuestra puede plantearse preguntas que a nosotros nos aterran. Sólo sé que la compañía fue inmejorable. Las largas caminatas, necesarias. La sensación de volver a pasear con una ciudad, impagable. Los miles de White Mocca, felicidad.

 

¿Repetimos?

¿Repetimos?

 

Pero en Ammán no hay nada de esto.

En Ammán no hay calles que patear. Lo único a patear son los culos de muchas malas personas. No hay miradas que sostener. No hay turcos. No hay manifestaciones ni hostales rojillos. No hay miles de risas producto de los comentarios de algún que otro tendero. No hay gatitos recostados sobre una pila de libros, echando la siesta mientras una chica cree encontrar en ellos un refugio a su mundo descomunal y les toma una foto…

 

 

…porque, directamente, no hay librerías. No hay vida, sino ambivalencia. No hay Mustafa, ni Kemal, ni Atatürk.

¿Cuántas veces puede desearse algo? ¿Cuántas veces puedes sentirte comprendido e incomprendido al mismo tiempo, lleno y vacío a la vez? ¿Cuántas veces puedes escuchar «Lucha de Gigantes» sin cansarte?

En mi Top #5 Ciudades en las que quiero vivir ya hay dos lugares ocupados: #1, Viena; #2, Estambul. Las dos tienen muchas cosas en común, pero una en concreto que, en ambas ocasiones, acabó robándome el corazón:

 

Señalitas del transporte público, :)

Señalitas del transporte público, :)

 

Porque yo, al fin y al cabo, soy tan romántica como la ciudad que amo. Madrid, no te pongas celosa, tarde o temprano, volveré.

Pero sáquenme de aquí. Houston, tengan compasión. Ni me inspiran las estrellas ni vi a Dios. Espero vuestra decisión…

 

 

[Y este lugar, y ellos, malditos sean.]

3 pensamientos en “Istanbul

  1. mmmmm esos desayunos del Starbucks¡¡¡Tengo un síndrome postvacacional de los duros. Peeeeeeeeeeero no te preocupes que enseguida nos ponemos a organizar el siguiente viaje, además nos queda un año para otra escapadita a Estambul, no?
    Vascas????

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  2. Qué reflexiones más profundas te ha despertado Estambul. Te confieso que a mi a priori es un ciudad que me da pereza.. Habrá que ir y comprobarlo!

    Ammán nada de nada?? No me digas eso que Vidal y yo queremos ir! Tu ven pronto a Milán, la quiero en tu top five list (no entra ni de coña… Jejejjeje pero habrá que intentarlo!)

    Muak
    Álv

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  3. Vaiolet, Mrs. Wilde…me preocupa tu falta de adaptación al medio. Al más puro estilo neo-Darwin, “adaptarse es sobrevivir”. I love Istambul too, y seguro que Ammán me parecería una mierda…pero ¡utiliza tu inteligencia! Y si Rania puede, tú también.

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