Trece días…

Éste no es un post sobre la película, aunque me gustaría estar pensando en la Crisis de los Misiles más que en mi vida, y Jordania, y qué hacer. Estos trece días han sido bastante difíciles: entre miradas, taxistas timadores, acordes y desacuerdos, he encontrado un santuario dentro de unas cuatro paredes que, sinceramente, no quiero dejar. Pero no sé qué debo hacer.

Ammán no es Damasco y, definitivamente, no es Jerusalén. Mi rinconcito, mi lugar, es Rainbow Street, un oasis en medio del desierto. Ammán es una ciudad poco habitable donde, al menos, puedes encontrar conversaciones realmente interesantes.

Supongo que es complicado. Es complicado saber que todos te miran, y tú te miras, y vuelves a chequear que no enseñas nada y, aún así, no importa. Hombres y mujeres me miran como si estuviera haciendo algo malo. Si voy con un chico en el taxi y le hablo al taxista, éste le contestará sólo a él. Yo existo para que me miren pero no para que me hablen. Por más enamorada que esté de la cultura arabo-musulmana y de la lengua árabe, hay cosas que son difíciles, muy difíciles.

Pero estaré bien…

 

2 pensamientos en “Trece días…

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